Estamos llamados a experimentar cambios permanentes en nuestra vida.

Una vieja historia latinoamericana cuenta que el enorme árbol de samán que adornaba el parque de un pintoresco pueblo, llegó a convertirse en un atractivo para todos los turistas.

Quienes visitaban el lugar no querían marcharse sin antes tomarse una fotografía, que luego exhibían con orgullo en sus álbumes familiares.

Un pequeño arbolito quería llegar a esa estatura. Sin embargo, experimentaba frustración cada vez que un ventarrón o un fuerte aguacero amenazaban con desarraigarlo.

Para crecer, debió permanecer firme en su lugar y dejar que el tiempo transcurriera, aun cuando cada año le pareciera una eternidad.

Por fin llegó el momento de ser muy grande y, de hecho, motivo de admiración para los visitantes que anhelaban tomarse una fotografía junto al frondoso tronco en imágenes que guardaban para la posteridad.

Crecer es el producto de un proceso, no se logra de la noche a la mañana. Igual en la vida del cristiano.

En la carta del apóstol Pablo a los creyentes de Éfeso, en el primer siglo, leemos:

“…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…” (Efesios 4: 13 | RV 60) 

Para ser sinceros, a la mayoría de nosotros nos parece imposible llegar a esa “estatura de Cristo”. Nos creemos indignos o, sencillamente, carentes de las capacidades para hacerlo.

¡Cometemos tantos errores, que nos parece que jamás podríamos alcanzar ese nivel!

Hoy es el día para hacer un alto en el camino y comprobar que la raíz de nuestras frustraciones es que procuramos ese cambio en nuestras fuerzas y no en el poder sobrenatural de Dios.

Cada vez que nos esforzamos, generalmente caemos o volvemos atrás y, en ese preciso instante, nos enfrentamos a una sólida pared de granito que nos impide avanzar. Ya en el suelo, no queremos intentarlo de nuevo.

¿Qué está ocurriendo?

¿Qué está ocurriendo? Que nos sentimos un fracaso. Y nos ocurre una y otra vez. Y, probablemente, seguirá siendo así en tanto pretendamos hacerlo a nuestra manera.

¿Cómo podemos cambiar el curso de la historia? Volviendo la mirada a Jesucristo. Dependiendo de la fortaleza que nos provee y no de nuestras propias fuerzas.

El apóstol Pablo escribe que gracias a Jesús: “… somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3: 18 b| RV 60)

Decídase hoy por el cambio, pero de la mano de Dios y no confiando en Sus propias fuerzas. Comprobará que sí se puede experimentar esa transformación y crecimiento, porque nuestro amado Señor nos ayuda y acompaña en todo este proceso, de principio a fin.

Si no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Prendidos de Su mano, iniciamos el maravilloso viaje hacia el cambio y crecimiento permanentes en la vida personal, espiritual y familiar.

Escuche las transmisiones del Programa «Vida Familiar»

Por #RadioBendiciones

Podcast y Artículos del realizador Fernando Alexis Jiménez, con principios sencillos pero eficaces para desarrollar el crecimiento personal, espiritual y familiar.

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