Dios cambia el curso de nuestra historia

Desconocemos cuál sea su situación actual. Lo que sí podemos asegurarle es que, prendidos de la mano del Señor Jesucristo, cuando le rendimos nuestra existencia y el hogar, todo puede cambiar. Incluso, de la noche a la mañana.

Por Fernando Alexis Jiménez | #RadioBendiciones

Todos alguna vez hemos apreciado una película o una serie de televisión en la que estamos convencidos que sabemos cuál será el fin. Incluso, podríamos anticipar el diálogo con el que concluirá la trama y, por supuesto, creemos que–en esa dirección–, nos ahorraríamos unas cuantas lágrimas.

Sin embargo, no siempre es así. En ocasiones la trama cambia sorpresivamente. La escena es diferente de lo que habíamos imaginado. Diametralmente opuesto a lo que estaba en nuestro imaginario. Nos sorprende.

Igual con nuestra vida cuando está en el plan eterno de Dios. Y más aún, cuando permitimos que Él obre conforme su voluntad y nos rendimos a lo que quiera hacer. Sabemos que es lo más apropiado y que siempre terminaremos en victoria.

Le animamos a leer 2 Samuel 9:3-7. Imagine por un instante la historia de Mefi-boset, hijo de Jonatán y nieto del rey Saúl. Quizá pensó que sus días serían tristes hasta terminar su tránsito terrenal. Pero no fue así. El curso de su historia cambio.

“El rey le dijo: —¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, para que yo lo favorezca con la misericordia de Dios? Respondió Siba al rey: —Aún queda un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. —¿Dónde está? —le preguntó entonces el rey. Siba respondió al rey: —Está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar. Entonces el rey David mandó a traerlo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar. Al llegar Mefi-boset hijo de Jonatán hijo de Saúl, ante David, se postró sobre su rostro e hizo una reverencia. David le dijo: —Mefi-boset. —Aquí tienes a tu siervo —respondió él. Luego David añadió: —No tengas temor, porque a la verdad yo tendré misericordia contigo por amor de Jonatán tu padre. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa.” (2 Samuel 9:3-7| RV 95)

David hizo un pacto de sangre con Jonatán para mostrar a los descendientes   la misericordia de Dios. Después de que Jonatán muriera, Mefiboset era el único descendiente que quedaba, y él se escondió en el desierto temiendo a David.

El rey David cuando asumió el poder, lo encontró y le puso en alto para que fuese uno de sus propios hijos. Le fijó una mesa y le restauró todo lo que había perdido.

Éste es un retrato hermoso del pacto que Dios hizo con Su Hijo Jesús, un pacto sellado con la sangre de Cristo. Debido a lo que Jesús hizo, Dios nos muestra Su misericordia elevándonos a una posición de hijos e hijas e invitándonos a compartir el pan con Él en Su mesa.

Desconocemos cuál sea su situación actual. Lo que sí podemos asegurarle es que, prendidos de la mano del Señor Jesucristo, cuando le rendimos nuestra existencia y el hogar, todo puede cambiar. Incluso, de la noche a la mañana. Hoy es el día para tomar la decisión y abrirle las puertas del corazón. Es la mejor decisión que podemos tomar. Los resultados serán sorprendentes.

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Podcast y Artículos del realizador Fernando Alexis Jiménez, con principios sencillos pero eficaces para desarrollar el crecimiento personal, espiritual y familiar.

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