¿Deberíamos temerle a la muerte?

Permítame asegurarle que la salvación no depende de ningún esfuerzo que usted haga. Es un regalo de Dios, por gracia, por medio de la fe (Efesios 2:8, 9). Usted no la ganó, y no tiene que hacer nada para mantenerla.

Por Fernando Alexis Jiménez – #RadioBendiciones

¿Comete usted errores? Sin duda que sí. Pero, si es cristiano, ¿por qué yerra? ¿Acaso no debería ser perfecto? Probablemente estos interrogantes han rondado su mente, una y otra vez. Esa sensación de culpabilidad quizá le lleva a considerar que está tan lejos de Dios, que ya Él lo desechó y está presto a condenarlo. Esta última apreciación es un verdadero equívoco, el más grade que le haya acompañado jamás.

¿Alguna vez se ha preguntado si, en verdad, es salvo? Ya que mucha gente lucha con esta pregunta, es importante entender lo que Dios dice acerca de nuestra salvación. Después de todo, su Palabra, no nuestros sentimientos, es la que nos sostiene cuando las dudas nos invaden. Una lectura cuidadosa de Romanos 8:31-39, nos permitirá despejar estos interrogantes. Y más aún cuando especificamos.

«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 8: 38, 39 | RV 60)

Las preguntas en cuanto a nuestra salvación suelen surgir cuando nos sentimos abrumados por el sentimiento de culpa por nuestro pecado. Nos preguntamos cómo alguien que lucha con la tentación de la manera que lo hacemos podría ser salvo. O a veces nos preocupa no haber entregado nuestra vida lo suficiente o no haber obedecido debidamente.

Permítame asegurarle que la salvación no depende de ningún esfuerzo que usted haga. Es un regalo de Dios, por gracia, por medio de la fe (Efesios 2:8, 9). Usted no la ganó, y no tiene que hacer nada para mantenerla. Dios es quien asegura nuestra salvación; una vez que somos salvos, nada podrá separarnos de su amor, que recibimos a través de nuestra unión con Cristo.

Cuando surjan dudas sobre su seguridad eterna, recuerde lo que Dios ha prometido en las Sagradas Escrituras: Él le eligió antes de la fundación del mundo (Efesios 1.4); el Espíritu Santo le dio una vida nueva (Tito 3.5); y nuestro Salvador Jesucristo pagó el castigo que le correspondía a usted por sus pecados (1 Pedro 2.24). Nadie podrá condenarle, ni siquiera usted.

Si aún no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, hoy es el día ara que lo haga. Decídase por Jesús en su corazón. Permita que Él gobierne su vida y su hogar. Es la mejor decisión que podemos tomar.

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Por #RadioBendiciones

Podcast y Artículos del realizador Fernando Alexis Jiménez, con principios sencillos pero eficaces para desarrollar el crecimiento personal, espiritual y familiar.

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