La religiosidad se convierte en una tremenda atadura

No deseo hablarle de religión sino de una relación personal con Jesucristo. De abrirle las puertas de su corazón y comenzar de su mano, esa maravillosa experiencia de transformación.

Por Fernando Alexis Jiménez | Instagram @RadioBendiciones

¿Qué es para usted la religión? ¿Algo aburrido? ¿Considera que la religión es un asunto de fanáticos? ¿Piensa acaso que es un conjunto de reglas de “¿No dirás”, “No harás”,  “No vestirás”, “No irás” y un largo etcétera? Permítame decirle que me identifico con usted.

En nombre de la religión se han cometido injusticias, crímenes, abusos y tantas otras cosas que han desdibujado la imagen de un Dios poderoso, que obra milagros, que nos ama, que desea bendecirnos y proveernos diariamente lo mejor lo mejor.

Saulo de Tarso es el ejemplo de un religioso fanático que consideraba como enemigos a todos aquellos que no pensaban como él. De hecho, fruto de su religiosidad, se convirtió en un perseguidor.

El relato se encuentra en Hechos 9.1-9

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.  Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.  El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.  Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.”

En otras religiones, los devotos buscan a sus dioses. Pero en el cristianismo es Dios quien toma la iniciativa. Esto es obvio en la conversión de Saulo de Tarso –más tarde conocido como Pablo–. El Señor fue quien buscó a Pablo, abrió su mente para creer y transformó su vida para siempre.

No deseo hablarle de religión sino de una relación personal con Jesucristo. De abrirle las puertas de su corazón y comenzar de su mano, esa maravillosa experiencia de transformación personal, espiritual y familiar que anhela y necesita con urgencia.

Piense por un instante que hay una vida maravillosa que está dejando pasar por alto porque quizá está sumido en la religiosidad y no en una relación personal con Jesucristo. Hoy es el día para tomar la decisión y emprender una nueva vida.

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Podcast y Artículos del realizador Fernando Alexis Jiménez, con principios sencillos pero eficaces para desarrollar el crecimiento personal, espiritual y familiar.

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