No es por nuestros méritos sino por la obra de Cristo que somos salvos

El ser humano considera que sus atributos y el “ser buena persona”, le hacen salvo. Que, haciendo acopio de argumentos, podrá ser libre del juicio y convencer a Dios. Definitivamente quienes piensan así, van camino a la condenación eterna. Descuba por qué.

Por Fernando Alexis Jiménez | Twitter @Vida_Familiar

El lugar estaba lleno de personas. El ambiente era de luto. La luz sombría aun cuando se trataba de una moderna edificación. En el centro de la sala, un ataúd de lujo al que se acercaban los deudos, algunos con lágrimas en los ojos.

— Era un buen hombre; sin duda, Dios lo tiene en su gloria–, comentó una mujer.

— ¿Estás segura, mamá? –le replicó su hija, una estudiante universitaria.

Las dos guardaron silencio. Una de las mujeres con dudas, la otra convencida que probablemente su padre había perdido la oportunidad al dilatar la decisión de arrepentirse y recibir a Jesucristo en el corazón.

LA CERTEZA DE DOS DESTINOS

La Biblia solo menciona dos destinos para el género humano una vez crucemos el umbral de la muerte: la eternidad con Dios o el infierno. No hay punto intermedio.

La decisión de dónde pasará la eternidad, la asume cada persona. Aceptar la salvación que ganó Cristo para nosotros en la cruz, o definitivamente se pierde por siempre. No hay opciones.

¿POR QUÉ ES IMPOSIBLE ALCANZAR LA SALVACIÓN?

Cuando partimos del presupuesto de que podemos alcanzar la salvación, estamos suponiendo que nuestras obras son las que aseguran la eternidad con Dios. Y es un completo equívoco.

El apóstol Pablo lo dejó claro cuando escribió:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5: 12 | RV 60; Cf. Lamentaciones 4:1; 1 Corintios 15:22)

El género humano por naturaleza está inclinado al pecado. Así lo evidencias sus pensamientos y acciones.

El rey David describió su propia condición y, en general el de todo hombre o mujer, cuando escribió:

«Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.  He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.» (Salmo 51: 4, 5 | RV 4, 5 | RV 60)

En este orden de ideas, podemos responder al interrogante de si podemos alcanzar la salvación, con un rotundo no. Es imposible.

Permítanos citar autor inglés, Arthur W. Pink (1886-1952), quien escribió:

“Hasta que no veamos realmente el horror del pozo en el que por naturaleza nos encontramos, nunca podremos apreciar la gracia de la salvación de Cristo. Es la condición caída del hombre para la cual la redención divina es la única cura… La imposibilidad de que una persona obtenga la aprobación de Dios por sus propias obras, aparece claramente en parábolas como la del joven rico que leemos en Mateo 19: 16-30. Juzgado por los estándares humanos, fue un modelo de virtud y de logros religiosos. Sin embargo, como todos los que confían en el esfuerzo propio, ignoraba la espiritualidad y el rigor de la ley de Dios cuando Cristo lo puso a prueba. Sus expectativas fueron desvanecidas.”

Pese a esta realidad, el común de las personas se resiste a la realidad. Niegan inconscientemente su maldad y cuando se les confronta, afloran sus argumentos, como el hecho de que son “buenas personas” (Cf. Ezequiel 3: 11).

Otro autor inglés profundo en sus apreciaciones bíblicas, Thomas Reade (1776-1841), dijo:

“… es evidente que el hombre es el único autor de su destrucción y que su salvación es por gracia, totalmente gratuita, no buscada e inmerecida. A través de la caída, el hombre perdió todo el poder espiritual y la voluntad de amar y servir a Dios. Pero por el pacto de gracia, el hombre recupera ambas condiciones.”

De hecho, el patriarca Job lo dejó muy claro: “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.” (Job 14: 4 | RV 60; Romanos 7: 24)

Es necesario que hagamos un alto en el camino: ¿Cómo anda nuestra existencia? ¿Mora Cristo en nuestra vida? ¿Le hemos permitido que obre poderosamente en nuestro ser? ¿Somos conscientes que no es a través de las buenas obras como se obtiene la salvación?

UNA VERDAD QUE MUCHOS OCULTAN

En una sociedad en la que prima el interés de obtener lo mejor de la vida a cambio de muy poco, en la que viene tomando fuerza la teología de la prosperidad y en la que el afán de muchas denominaciones es ver crecer su membresía, se predica un evangelio light, que suena bien a todos los oídos. Enseñanzas que algunas veces no tienen solidez Escritural pero que resultan agradables a los oyentes.

 ¡Dios tenga misericordia de quienes obran así porque llevan sus hombros la responsabilidad de conducir multitudes a la condenación!

Las cosas deben ser tratadas en su dimensión: Si usted está convencido que gracias a sus obras, el ir a un servicio religioso semanalmente o quizá ayudar a los demás o tener largos ayunos, será salvo, permítanos decirle que está lejos de la verdad.

¿CUÁL ES EL CAMINO PARA LA SALVACIÓN?

Es necesario que el pecador sea consciente de su condición, se arrepienta y nazca de nuevo. Sólo así podrá entrar en el Reino de Dios. Ese es el único camino.

Alrededor del tema, el escritor y predicador inglés, Thomas Reade (1776-1841), anota:

“El pecador puede poner reparos y discutir, pero su propio corazón lo condenará. Su propia vida lo condenará. La ley de Dios lo condenará. El pecado de su propia naturaleza caída lo condenará. Él no alcanzará más que condenación aquí y juicio en el mundo venidero. Pero si mira fuera de si mismo, a Cristo (el segundo Adán), el Señor del Cielo, el libertador prometido, encontrará la salvación.”

Lamentablemente infinidad de personas están ciegas frente a esta realidad. El enemigo ha puesto una venda en sus ojos (Juan 12: 39, 40; 2 Corintios 4: 3, 4) Sin embargo, Dios en su misericordia, nos ofrece la posibilidad de ver el engaño en el que nos hemos estado moviendo (Lucas 1: 78, 79)

Usted necesita la salvación. Reconozca que en sus fuerzas ni por sus méritos es posible. Solamente aceptando esa redención que Jesucristo ya hizo por usted en la cruz. Jesucristo vino a buscar a los pecadores para salvarlos de la condenación eterna (Lucas 5:31, 32; Lucas 19: 10)

El apóstol en su primera carta a Timoteo escribió:

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.” (1 Timoteo 1: 15 | RV 60; Mateo 1: 21)

No deje pasar este día sin abrirle las puertas de su corazón. Reconozca en Su presencia que ha pecado y que lo necesita como su único y suficiente Salvador. Deje de confiar en sus propias obras y tenga la certeza de que solamente por la redención en la cruz, pasaremos la eternidad en Su presencia. Decídase hoy por Jesucristo.

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Por #RadioBendiciones

Podcast y Artículos del realizador Fernando Alexis Jiménez, con principios sencillos pero eficaces para desarrollar el crecimiento personal, espiritual y familiar.

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